Dicen que los viajes empiezan mucho antes de salir de casa, y creo que es totalmente cierto. Empiezan cuando apilamos sobre la mesa las posibles cosas que vamos a necesitar, cuando abrimos los armarios de par en par y aparece esa sensación tan familiar de que siempre se nos olvida algo. Llenamos las maletas de “por si acaso”: por si hace frío, por si hace calor, por si llueve.

En la vida sucede algo muy parecido. Vamos llenando nuestra propia maleta con cosas que creemos que nos ayudarán en el camino, con aprendizajes, hábitos, creencias… pero también, a veces, guardamos cosas totalmente inútiles sin detenernos a pensar si de verdad las necesitamos. Pesos que se acumulan casi sin darnos cuenta.

Por eso, al comienzo del año, me parece un buen momento para revisar nuestra maleta vital. Revisar todo aquello que hemos ido acumulando a lo largo de las experiencias de la vida y preguntarnos si nos sigue sirviendo o si, por el contrario, nos está impidiendo llegar a donde queremos.

Con el tiempo me voy dando cuenta de que hay cosas que no son tan importantes, que merece más la pena darle valor a las experiencias que a las posesiones. Y, sobre todo, que cuando viajamos ligeras y ligeros de equipaje —como decía Don Antonio Machado— somos mucho más felices.

Os deseo un feliz y ligero viaje este año. Que seamos viajeras y viajeros con la mente abierta, curiosa y consciente, buscando un ritmo vital con mayor propósito. Que seamos capaces de vivir el momento, cerrar ciclos y priorizar el amor y la paz, acumulando una “fortuna espiritual” mucho más valiosa que cualquier posesión.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies